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dimecres, 12 de març del 2014

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Este tipo de narración autobiográfica suele tener gran aceptación entre los jóvenes lectores y o escritores. Tal vez el secreto de su éxito esté en que permite desahogarse o quién sabe qué otras virtudes debe tener que no ha costado conseguir muestras tan buenas como esta de algunos de nuestros alumnos.


Miércoles 19
Hoy la profesora de castellano nos ha mandado que escribamos un diario para la semana que viene. Sinceramente no sé qué escribir, mi vida no es muy emocionante que digamos. Todos los días en mi vida son prácticamente iguales; me levanto, desayuno, voy a clase, como, hago deberes, ceno, me voy a dormir y vuelta a empezar.
Ya es tarde y mis padres están durmiendo, igual que mi hermana. Ahora mismo estoy en mi habitación sin saber qué hacer ni escribir. Creo que mi profe me va a suspender por primera vez en mi vida.
Mi ventana acaba de hacer un ruido como si la hubieran golpeado con algo. Voy a ver qué es, enseguida estoy de vuelta.
Ya estoy aquí de nuevo. Me acabo de encontrar una piedra con un papelito enganchado. ¿Quién narices viene a las once y media de la noche a tirar una piedra contra una ventana? ¡Ese bruto podría haber roto el cristal!
Acabo de abrir la notita escrita en tinta azul. El mensaje que contiene es este: “Mañana, en el parque, bajo el gran limonero, a las cinco y media de la tarde. No faltes”. Ese mensaje me da un poco de miedo. Supongo que se habrán equivocado y que ese mensaje no es para mí; o eso quiero creer yo.
Me acabo de dar cuenta de que el mensaje está firmado con las iniciales “NC”. He estado pensando y no recuerdo conocer a nadie con esas iniciales. La nota parece estar escrita con letra de chico, ya que las femeninas son más redondeadas.
Mañana le comentaré a mi amiga esto, a ver si me puede decir lo que debería hacer.

Jueves 20
Acabo de comer. He hablado con mi amiga sobre la nota de ayer. Dice que debería ir a ese lugar para ver si iba para mí o fue un error. He aceptado ir con la condición de que ella me acompañara, pero justo al salir del colegio me ha mandado un mensaje diciendo que tiene clase de baile y que no me podrá acompañar. Creo que lo ha hecho a propósito.
Me estoy arreglando para ir al parque. Le he dicho a mi madre que había quedado con Ana y que la acompañaría a baile. Llevo puestos unos vaqueros azules, una camiseta holgada, una chaqueta tejana encima y mis zapatillas favoritas. Estoy lista, vamos a conocer a ese NC.
¡No sabéis la vergüenza que he pasado cuando he llegado a casa con un conejito de peluche! Mi padre me ha empezado a hacer preguntas estúpidas, las cuales yo he evadido subiendo rápidamente a mi habitación.
Cuando he llegado al parque lo único que he encontrado bajo el gran árbol ha sido un conejito de peluche de color rosa con otra notita enganchada. Aún no la he abierto, pero me temo que sé por dónde irá la cosa; volver a quedar mañana para otra tontería.
Esta nota es más larga que la anterior. Está escrita con la misma tinta azul que la de ayer y la letra es igual de horrenda. “Espero que te guste el conejito, lo he comprado especialmente para ti. Te debes estar preguntando qué quien soy yo. Pronto lo verás, no te desesperes. Ven mañana al mismo sitio que hoy, a la misma hora y descubrirás algo más sobre mí. NC”.

Viernes 21
Ana ha estado pensando en nombres para el conejito rosa que me encontré ayer. Creo que se lo voy a regalar porque le gusta más a ella que a mí. Esta tarde volveré a ir al parque, pero esta vez acompañada de mi amiga. Ella dice que ese chico está interesado; yo creo que simplemente se aburre y se dedica a mandar notitas.
Estoy en el parque sentada en un banco esperando a Ana. Me ha insistido en que no fuera al árbol hasta que ella llegara y eso estoy haciendo, aunque la curiosidad me está comiendo viva.
Mi amiga llegó dos minutos después de que acabara de escribir. Bajo el árbol había un ramo de flores, concretamente rosas. Ana se ha emocionado con solo verlo, restregándome en toda la cara que ella tenía razón. Había una notita, y bajo las insistencias de mi amiga, la abrí. “Pulsa Play” decía la nota. Encontramos una grabadora en el suelo con un mensaje de voz que decía: “Temía que no vinieras. Espero que no se te marchiten las flores, recuerda ponerlas en agua cuando llegues a casa. Ahora ya sabes cómo es mi voz. ¿No me reconoces? Supongo que ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos la última vez. Espero que te acuerdes de mí cuando nos veamos. Vuelve mañana aquí a la misma hora para otra pista sobre quién soy”.
Las rosas se las ha quedado Ana. No quería que mis padres empezaran a sospechar que tenía novio o algo así. He escuchado esa cinta como un millón de veces y no consigo reconocer la voz. Si yo conozco a alguien llamado NC, debió ser en una vida anterior, porque llevo repasando mis conocidos largo y tendido y no me sale ningún NC.

Sábado 22
Me he quedado a comer en casa de Ana. Su madre nos ha preparado unos espaguetis riquísimos para comer. Ana y yo hemos hecho una lista de todos los nombres que se nos han ocurrido que empiecen por “N”. Nuestra lista tiene la extensión de dos nombres: Nicolás y Nando. No somos muy buenas buscando nombres.
A las cinco y media estábamos como de costumbre bajo el gran limonero. Allí había una pequeña cajita de bombones con una nota pegada. Decidí abrir la nota en el momento. “Última notita. Mañana me conocerás en persona. Ya sabes dónde y cuándo debes estar. Disfruta los bombones. Ven sola. NC”.
Mi amiga no se ha tomado muy bien las dos últimas palabras de la notita, y yo tampoco. Preferiría que hubiera testigos por si ese chico intentaba matarme. Pero si él lo quiere así, no lo vamos a discutir. Además, se supone que lo conozco y la voz de la grabación era de un chico de mi edad.
Los bombones me los he comido yo solita en casa, estaban muy ricos. Ana no ha querido comerlos porque ha dicho que pueden estar envenenados. Ella se lo pierde.

Domingo 23
Estoy bastante asustada por lo de esta tarde. No he dormido bien a causa de las pesadillas producidas por el misterioso chico. He soñado que cuando me encontraba con él me secuestraba y me llevaba a su casa para torturarme. No sé si iré esta tarde.
Acabo de hablar con Ana sobre mi pesadilla y dice que estoy siendo una paranoica. Le he recordado que ayer era ella la que decía sobre los bombones envenenados. Me ha convencido de que vaya. Llevaré el móvil conmigo por si pasa cualquier cosa.
No sé cómo debería vestirme. ¿Cómo se supone que se viste uno en estas situaciones? Después de media hora dándole vueltas al asunto, he optado por vestirme con un atuendo casual.
Estoy a una manzana del parque. Estoy muy nerviosa. No encuentro a nadie que me suene en el parque y el limonero no tiene la compañía de nadie. Quizá todo esto es una trola para hacerme quedar mal. Iré hasta allí y si no se me acerca nadie pues me iré.
Hoy ha sido un día genial. Al final sí que conocía al misterioso chico. Justo cuando he llegado bajo el árbol, un chico alto y rubio de ojos verdes se ha acercado a mí. Su cara me ha sonado un montón al principio. Cuando se ha presentado he podido reconocer la voz de la grabación.
Ha resultado ser que el misterioso chico era Noah Cruz, un amigo mío de la infancia. ¡Ahora que pienso, no sé cómo no se me ha ocurrido que podía ser él! Ha cambiado un montón desde la última vez que lo vi, está mucho más alto y ya parece todo un hombre. Hemos pasado la tarde hablando de lo que habíamos hecho durante estos años mientras nos tomábamos un refresco en un bar cercano.
Estos días han sido un poco raros, pero he sacado dos cosas buenas de eso: uno, me he vuelto a encontrar con mi viejo amigo; y dos, he escrito el diario que la profesora de castellano nos ha pedido.

Laia Farrés Cabús, 3r d'ESO